No me considero una persona emotiva. De hecho, intento parecer frío. Me gusta. Ocultar al menos una parte de mis sentimientos me hace sentir que hay algo de mi que es solo mio. No quiero decir que sea en realidad frío en insensible. La verdad es que no lo soy en absoluto. Mientras hablo contigo, por ejemplo, y escucho lo que dices, tus palabras pueden hacerme sentir ganas de llorar: de pena, de alegría. Ganas de agarrarte del cuello y decirte que todo lo que dices es una estupidez, que tus palabras expresan lo podrido que estás por dentro. No todo es malo, a veces tus palabras pueden hacerme sentir bien. Pero todas estas reacciones solo las tengo por dentro, ya me llorare las penas cuando llegue a casa. En realidad tampoco es literalmente así. No recuerdo la última vez que derramé una lágrima. Y no creas que no he sentido como para derramarla. En fin, me estoy yendo por las ramas.
No contaría nada aquí que no intentara hacerte pensar de la misma forma que me hizo pensar a mi.
Lo que me hizo pensar la última vez tiene algo de relación con lo que comento más arriba. Decía que apenas recuerdo la última vez que derrame una lágrima. Es cierto. Sin embargo, a veces muy de vez en cuando, mis ojos se humedecen. Si. Pero eso es normal. Todo el mundo se emociona. Sin embargo, esto no es lo que me hace pensar. Lo que me hace pensar es, como casi siempre el “porqué”. La última vez que mis ojos estuvieron a punto de desbordarse fue ahí, mientras estaba sentado en la oscuridad, mirando la tétrica luz que emite la pantalla del cine. Si, esa escena me emocionó. Y cuando se me pasó la enajenación pensé: ¡Que triste! A punto de llorar por una película.
No es que la película fuera mala, era bastante buena para mi gusto.
No era la primera vez que me pasaba, y esto me entristeció aún más. ¿Tan vacío estoy que para una vez que estoy cerca de llorar es viendo una película? Decidí no seguir mis divagaciones por ese ramal y pensar en los demás para ocultar mis propios defectos.
¿Por qué la gente va tanto al cine? Es una de las aficiones más comunes, y un buen comodín al que recurrir cuando no eres capaz de pensar algo que hacer con tu pareja (si la tienes). Si te parece que exagero a ese respecto, mira cuantas parejas ocupan las salas de cine, y déjame un comentario si la proporción baja del 70%.
Bueno, pero esto no tiene que ver con lo que realmente quiero hacer ver hoy. En mi humilde opinión, el motivo que lleva a la gente a ir al cine, a seguir esos cuentos fantásticos sobre gente que no existe en situaciones que pocas veces se dan, es la propia vacuidad de las propias personas. Nuestras vidas son tan rutinarias, tan aburridas, tan iguales unas a otras… Cuatro o cinco días seguidos de vacaciones: Playas y hoteles abarrotados. Todos al mogollón. Fin de semana: discotecas llenas de zombis alcoholizados y más enajenados por cosas peores…
Las pocas veces que sentimos, sea algo bueno o malo, intentamos extinguir ese sentimiento (generalmente con alcohol, sea para celebrar o para olvidar penas, pero dejemos el tema del alcohol para otra entrada…) Y claro, vamos al cine y nos cuentan una historia de un tío que tiene que coger una pistola y cargarse a un montón de gente para salvar a su familia. O una mujer que siente el suficiente miedo para gritar. ¡Que envidia! Ellos si sienten. Es una pena que ellos no existan, porque ellos si tienen motivos para hacer lo que hacen. ¿Cuando fue la última vez que pusiste a prueba tu templanza, o tus sentidos? Tenemos envidia de esa gente, que tiene la ocasión de demostrar que es algo. No digo que no haya situaciones en las que la gente del mundo real no demuestre se algo, hay mucha gente que demuestra su valía en las situaciones de la vida cotidiana. Pero es a otro nivel.
En fin, esta es mi opinión. Ya he soltado bastante rollo, voy a dejar de de desvariar, antes de que me pase demasiado
Hasta el siguiente desvarío, no dejéis de llevarme la contraria en los comentarios ![]()

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