Desde hace ya unos años, me siento bastante interesado en la política. No se si el motivo es que cada vez hay más movida o es simplemente que me ha dado la vena, pero la verdad es que he llegado hasta a tragarme una o dos horas de debates sobre el estado de la nación. Se que está mal, porque estoy en la edad de salir a emborracharme y de hacer el idiota como la gran masa¹, pero que le vamos a hacer. Este nuevo interés, además de estar cubierto en muchos métodos (y todavía más manipulado¹) es un entretenimiento bastante satisfactorio, porque criticar, poner verde y arreglar el mundo es muy entretenido. Pero desde luego, tiene el mismo peligro que todo en este mundo: “pensarlo”. Después de una sesión de telediario (con su correspondiente dosis de fútbol ¹ y anuncios) te puede dar por pararte a pensar.

A mi nunca me ha gustado adquirir las ideas y opiniones de los demás, prefiero hacérmelas yo, y esto es algo que también aplico a la política. Ideas como “izquierda” o “derecha” me parecen, aparte de completamente obsoletas, un absurdo en si mismas. Que sentido tiene la derecha en un sistema democrático (por decir algo): si la derecha favorece a los ricos (ahora a las empresas grandes, por ejemplo) y los ricos son los menos (esto es obvio), un gobierno de derechas que putea, con perdón, a los trabajadores, no sera votada para una segunda legislatura (solo me baso en la teoría, no en la práctica, solo en lo lógico, no en lo real). Por otro lado, una política izquierdista, en contra de los ricos (y por tanto poderosos) tampoco tiene mucho futuro, además favorecer a los trabajadores² (los más), como son tantos, requiere mucho dinero y/o mucha organización, y eso no es que abunde. Parece que las dos ideologías o agrupaciones están abocadas al fracaso, así que mal estamos. Solo parece haber una solución: no alinearse, sino intentar hacer las cosas bien.

Pero parece que esta no es la idea que tienen nuestros políticos de su profesión. Parece (según nos dejan ver los medios) que lo único a lo que se dedican es a tirarse mierda unos a otros, a ver quien tiene una pala más grande y gana las siguientes elecciones. Esto podría ser bueno: por un lado, circo todos los días en el telediario, diversión asegurada. Por otro, así van cambiando y donde se pasan unos arreglan los otros. Pues nada, ni hasta ahí llegan. Ni eso saben hacer. No solo tienen la jeta de ir al parlamento como un estudiante de letras a la universidad (sin ofender a nadie), sino que encima son incapaces de hacer leyes decentes o arreglar lo que el otro hace mal con algo mejor (pensemos en las reformas educativas de los últimos años, a cual peor).

En fin, una cosa me queda clara, como no espabilemos, tanto nosotros como los políticos, mal nos va a ir.

Bueno, soltado el royo de turno, lo de siempre, espero, como siempre, que me llevéis la contraria en los comentarios. Un saludo y vota al partido de “La ultima palabra”. Nosotros lo hacemos todo bien :)

¹ Este tema para otro día
² Nótese la contraposición “ricos-trabajadores”. Pocos se hacen ricos trabajando